sábado, 30 de mayo de 2015

El colibrí y la rosa


Había una vez un colibrí que quería besar el corazón de una rosa, pero nuestro colibrí tenía alitas débiles y no podía mantener mucho el vuelo, así que nunca lograba llegar hasta el centro del jardín donde estaba su amada rosa.
Un día estaba jugando a picotear amapolas cerca de un castillo, cuando de pronto lo capturó un guardia:

-Pobrecito colibrí, casi no puede volar- dijo

Lo llevó al castillo y lo encerró en una jaula en el cuarto de los guardias.
Ese lugar era muy oscuro y frío, sólo se veía un rayo de sol en la mañana, algunas veces los otros guardias golpeaban su jaula y se reían de su vuelo desesperado intentado huir. 

Pasaron unos días y el colibrí se puso muy triste, sólo ese rayo de sol matutino lo motivaba a seguir viviendo, le recordaba que afuera había luz y que alguna vez ese mismo rayo iluminó sus felices días en el jardín de su amada rosa y con todas sus fuerzas aleteaba hasta llegar el cielo de la jaula para poder tocar con la punta de su pico algo de sol. 

El guardia que lo había recogido todos los días le llevaba comida, le contaba las cosas que había hecho en el día, y se despedía de el diciendo:

-Algún día todos seremos libres.

Después de algunas semanas el colibrí se dio cuenta de que sus alitas eran mucho más fuerte, que ahora si podía volar mucho tiempo y fácilmente podía tocar el corazón de su rosa, pero al mirar a su alrededor recordó que estaba encerrado y que jamás saldría, lloró hasta quedarse dormido. 
En sus sueños volvió a ver a su rosa, cuando despertó decidió que desde ese día sólo viviría de sueños. Cuando se sentía muy triste cerraba los ojos e imaginaba el jardín, podía sentir el olor de las rosas y el frío rocío del pasto en la mañana, el frescor del viento pasar por sus plumas y el sol calentando su cabeza. 
Tanto deseaba estar en ese lugar dejó de abrir los ojos y volaba en círculos por su jaula, completamente feliz.
Un día el guardia vio que el colibrí no dejaba de volar, ahora era fuerte y podría sobrevivir solo, decidió liberarlo, abrió la jaula pero el colibrí no salió, así que lo tomó en sus manos y lo llevó al jardín. Se despidió diciendo:

-Eres libre.

El colibrí continuó volando en círculos.
Jamás volvió a abrir los ojos, no cambió el sentido de su vuelo y nunca vio que ahora volaba alrededor de su rosa, en libertad.

Moraleja: La vida a veces nos pone pruebas para fortalecernos, por muy oscuro, difícil y cruel que parezca nuestro problema siempre tenemos un rayo de sol que nos da esperanza. 
Podemos vivir de sueños que nos reconforten en momentos de dolor pero no debemos perdernos en ellos, ya que en cualquier momento la jaula se abre y debemos estar listos para volar de nuevo, fortalecidos y con nuevas habilidades para hacerlos reales.
Algún día todos seremos libres.

5 comentarios:

Cayetano Gea dijo...

Algún día... Mientras tanto nos fortaleceremos a base de sueños.
Un abrazo.

TORO SALVAJE dijo...

Algún día seremos libres.
Si.
Eternamente libres.

Besos.

RECOMENZAR dijo...

La libertad de tu alma cuando escribes me llena de magia

Marisa dijo...

Ojalá pudiéramos vivir de sueños.
Debemos conformarnos con pequeños momentos
hasta que los pies toquen tierra.

Un gran abrazo

RECOMENZAR dijo...

eres libre ahora
simplemente lo pides a tu mente y se cumple
Un beso bella amiga