Esta tarde, mientras estaba enfrascada en mi trabajo de costurera, me he visto siendo niña, con una aguja en la mano ante la mirada inspectora de una profesora que tuve y de la que afortunadamente guardo el recuerdo. He seguido con mi labor, esforzándome en recuperar el momento tal y como lo viví (solo cumplo con el consejo de un médico) y he ido tirando del hilo negro del olvido para sacar a la luz la situación y por lo tanto, abrazar un recuerdo más.
Era mi primer colegio, así que no había cumplido los doce años. Entre mis manos, terciopelo granate con el que tenía que hacer un cojín. Y…. laguna negra, será posible… vamos, me he dicho, sigue, no puedes parar ahora que tenías el recuerdo cogido con la punta de los dedos, pero nada, se ha esfumado como la calada furtiva de un cigarrillo en la penumbra de una escalera.
Esto se está pareciendo a una mala novela, una de esas que te dejan el cuerpo para el arrastre, la conciencia revoloteando por los renglones del absurdo y la esperanza colmada de erratas.
Lo peor del asunto es que obligatoriamente tiene continuación, “no quieres caldo, pues te vas a tomar dos tazones” y juro que hay momentos que me gustaría tirar todo a la basura, no pensar en lo que he perdido y centrarme en lo que conservo, pero si descarto esa parte de mi vida, ¿cómo voy a reconocerme? ¿creéis que una vida está llena sin recuerdos?
Era mi primer colegio, así que no había cumplido los doce años. Entre mis manos, terciopelo granate con el que tenía que hacer un cojín. Y…. laguna negra, será posible… vamos, me he dicho, sigue, no puedes parar ahora que tenías el recuerdo cogido con la punta de los dedos, pero nada, se ha esfumado como la calada furtiva de un cigarrillo en la penumbra de una escalera.
Esto se está pareciendo a una mala novela, una de esas que te dejan el cuerpo para el arrastre, la conciencia revoloteando por los renglones del absurdo y la esperanza colmada de erratas.
Lo peor del asunto es que obligatoriamente tiene continuación, “no quieres caldo, pues te vas a tomar dos tazones” y juro que hay momentos que me gustaría tirar todo a la basura, no pensar en lo que he perdido y centrarme en lo que conservo, pero si descarto esa parte de mi vida, ¿cómo voy a reconocerme? ¿creéis que una vida está llena sin recuerdos?