En la alacena dormitaban dos pequeñas tazas que antaño habían sido las más hermosas. De capa blanca como la nieve, su base, otrora tersa como la tez de una bella joven, aparecía ante las miradas de los curiosos descascarillada y vacía, haciendo juego con la vida de su dueña. Tras el cristal, adornaban la repisa con la altanería de quien ha llegado a ser la primera del aparador y se ha quedado para cubrir huecos.
El orgullo jamás vence, pero sacando dignidad del baúl de los recuerdos, las dos tazas mostraban a los visitantes que el tiempo arrasa y que no hay que perderlo en banalidades porque al final, apareces ante los ojos de esos extraños y te miran y te escrutan y descubren que tu capa, era solamente polvo.
El orgullo jamás vence, pero sacando dignidad del baúl de los recuerdos, las dos tazas mostraban a los visitantes que el tiempo arrasa y que no hay que perderlo en banalidades porque al final, apareces ante los ojos de esos extraños y te miran y te escrutan y descubren que tu capa, era solamente polvo.
7 comentarios:
Polvo dices, pero en este caso polvo d caolín, una maravilla. Donde hubo siempre queda, dice el refrán.
Un besico
hay quienes saben mirar y ver en conjunto
y hay quienes solo ven
un abrazo grande
Del paso del tiempo no se libra nada.
Ni las personas ni los objetos.
Besos.
El paso del tiempo es mejor no sentirlo buscando constante nuevos puertos..
hermoso querida tu texto
Hola Arantza...
Hermosa entrada, llena de metaforas
Siempre es bueno tener a mano, una compañia como esta¡
Gracias, Amiga por tus conceptos y visita¡
Un abrazo enorme
Osvaldo
Hola me gusta lo que escribes y cómo lo escribes.
Con tu permiso, espero, lo subo a mi ventana.
Mil besos desde el Sur.
Muy bien logrado querida,el tiempo pasa,quitar el polvo nos muestra a veces las cosa tal como son,mas allá de las apariencias.
Un beso.
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