lunes 21 de septiembre de 2009

Y te fuiste

Roma, julio de 2003.
Mi corazón, henchido de felicidad por la belleza contemplada durante el día, se encogió cuando caminando por la calle Regina Margeritta, me encuentro en medio de la vía, una mujer, rondando los setenta, con traje claro, estilo años 50, medias de blonda, zapatos negros y sombrero a juego con el vestido.
La mujer, se pasea calle abajo, calle arriba; en la zona reservada al tranvía, dando la impresión de esperar a alguien. A las once de la noche, con aire resignado, se aleja.
Así todas las noches. No habla con nadie solo se pasea.
Mi imaginación se echa a volar y la veo tan triste que pienso que si me acerco y le pregunto me contará que su espera es producto de un desengaño, de un amor que se fue y nunca más volvió y ella sigue esperándole cada noche, hasta que pasado el último tranvía, se encuentra con su realidad y se va a casa a llorar con amargura su pena.
Y así el día siguiente; vuelve a salir con la misma esperanza y la misma decepción. Noche tras noche hasta que las autoridades consideren que se ha vuelto loca o que entorpece la circulación y entonces la recluyan en un psiquiátrico, donde la soledad clave su última daga.
Comprendo tu dolor, dama de la noche, pero tal vez has perdido tu vida esperando a un hombre que no merecía tu amor…
Aunque quiero pensar, romántica de mí, que murió en combate, en una guerra lejana y en el campo de batalla se oyó como un suspiro tu nombre.
La última noche que te vi, llevabas un traje de color vainilla con grandes cuadros, las medias de blonda y un pequeño sombrero, pero me llamaron la atención los zapatos, creo que eran de charol porque brillaban mucho y las luces de las farolas relucían en ellos, esa noche había pocas estrellas en el cielo, pero tú brillabas intensamente, como tus zapatos.

(Agosto de 2006. Volví a Roma y fui a su encuentro. Ya no estaba allí)

lunes 14 de septiembre de 2009

Suceso en el Guggenheim

-Mirad mi buen amigo Sancho qué extraña figura nos observa.
-Yo no me fiaría mucho mi señor, mejor no os acerquéis por si os ataca.
-Infeliz escudero, ¿no ves que a mi me respetan hasta las piedras?
-Señor Don Quijote, tened cuidado.
-Pamplinas! a mí no se me resisten monstruos que valgan. Además este Gran Caballero con brillante armadura seguro que nos deja beber de su fuente.
Pero ni alzando la voz el Gran Caballero les contesta.
Pobre Don Quijote, su mundo particular de historias fantásticas, de héroes con gran valor, si él supiese realmente que por gracia del más grande misterio había llegado al siglo XXI, delante de tan bello museo….
-Cuidado Sancho, no es de fiar…este horrible ser también tiene escudero, apártate que ahora mismo me encargo de él.
-Pero mi señor, si es un perro.
-¡Infeliz! No te acerques o te destruirá.

Noticias de hoy:
Sucesos: Unos locos han atacado a “Puppy” el perro guardián del Guggenheim, el resultado, una oreja rota y todas las flores esparcidas en el suelo. A los pies de la mascota se ha descubierto una lanza del siglo XVII.

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Una perla de humor en un día muy triste para mí.
Hace mucho tiempo, siendo niña, decidí que las penas jamás podrían conmigo y que las lágrimas no ocultarían nunca mi sonrisa.

martes 8 de septiembre de 2009

La espera

Carmen llegó a casa empapada, por fin se acababa la pesadilla. Un mal sueño que había durado cerca de cuarenta años.
Una vida de soledad, de comparsa, de infelicidad…
Se había casado por obligación, por aquel entonces las familias tenían la mala costumbre de elegir el marido para sus hijas y la de Carmen no fue menos.
Aunque ella estaba locamente enamorada de Alejandro, su madre le prohibió verse con él y aunque a escondidas conseguían robarle un minuto a la injusticia, no resultó suficiente.
Alejandro tuvo que marcharse a trabajar a Miranda, se estaba haciendo la nueva vía del tren y era un empleo bien remunerado.
No te preocupes, le dijo. Algún día conseguiremos convencer a tus padres.
Mientras, Carmen siguió con su Corte y Confección e incluso llegó a poner una escuela para modistas a la que mayoritariamente acudían hijas de “familias bien”
Pero el tiempo pasaba y ella se veía acosada por sus padres que una y otra vez la instaban a casarse con Rodolfo; un joven estudiante de Derecho, alto y guapo pero adicto a las mujeres.
Eso es lo de menos, le decían Cuando estéis casados solo tendrá ojos para ti y a las otras ni caso. Vamos mujer, mira que es un buen partido…
Y sucumbió…
Blanca y radiante llegó a la iglesia, virgen como la nieve recién caída.
Convertida en la señora de Rodolfo Zárate salió del templo con el rostro tan triste que parecía la mismísima Dolorosa. Ella solo pensaba en Alejandro.
Y así había sido durante esos casi cuarenta años…
Pero hoy, nada más llegar a casa, desabrochó su vestido negro, hizo una bola con él y lo tiró a la basura.
Abrió el armario y tras echarle un vistazo, cogió una falda azul y una blusa blanca, unos zapatos de medio tacón con su bolso a juego y salió a la calle.
Tardó diez minutos en llegar, él estaba esperando sentado con una humeante taza de café en sus manos.
Perdona que te haya hecho esperar pero el taxi…le dijo con voz nerviosa.
No importa Carmen, he esperado casi cuarenta años, diez minutos más no son nada.
Anda, ven, siéntate a mi lado…

martes 1 de septiembre de 2009

¿De qué color son los sueños?

Hace un tiempo una niña me dijo que los sueños son blancos como un folio sin escribir.
Al preguntarle por qué lo creía así, me contesto: “ Porque los sueños no se cumplen y no tienen color”
Me invadió una tristeza difícil de transcribir.
Con tan solo diez años pensaba que los sueños no se cumplían…
¿Dónde quedaba la ilusión?
Han pasado unos años; durante este tiempo hemos hablado por teléfono pero apenas hace un mes nos reunimos y le recordé aquello que me dijo entonces; ella había olvidado la respuesta y al traerla a la conversación le volví a preguntar: Y ahora…¿de qué color son los sueños, Lorena?
Y cuál fue mi sorpresa cuando me dijo: “Negros, como un borrón en un examen final”
Mi expresión no necesitó preguntar nada, inmediatamente me contestó:
Sí, no me mires así…un borrón de ese tipo, te corta la ilusión, te deja sin esperanza y te hace ver el futuro muy negro.
Además los sueños solo son fotogramas de una película de miedo en la que todo es irreal.
De nada sirvieron las palabras que deseaban cubrir su desesperanza con un pequeño velo de ilusión.
Ella lo tenía muy claro; la vida es un camino que hay que andar para llegar a la muerte.
Vía directa, sin atajos.
Qué pena…sigo sin entender cómo una persona, desde niña, puede renunciar a sacarle todo el partido a esta vida, a tener ilusiones y soñar…
Y aunque escriba en renglones rectos, siga pensando que su novela no merece la pena ser leída.