Recordar es para aquellos que han olvidado (Plotino)
Mi abuela decía que “cuando el diablo se aburre, con el rabo mata moscas” y eso mismo hice yo una tarde de invierno, fría, pero muy bella. La nieve había caído y la ciudad me mostraba un paisaje que yo, desde mi ventana, celebraba.
Y empecé a enredar, cambié el destino de varios libros, rompí en pedazos poemas escritos en días de furia y que ahora, no me decían nada y accedí, gracias a una escalera algo destartalada, al altillo de un armario, que el pobre, por estar en un cuarto olvidado de la gente, sirve para acumular ropas pasadas de moda y que por el apego que llegamos a tener a determinadas cosas, nadie quiere tirar.
Frente a mí, un número en una caja, una caja olvidada y un misterio por resolver. Cogí el valioso cofre y bajé la inestable escalera. Me senté encima de la cama con el propósito de formar un abanico con las cosas allí guardadas.
Y la abrí.
(El 3 de septiembre de 2002, un conductor despistado, se llevó parte de mi memoria, desde entonces…cualquier brizna feliz de mi pasado supone la mayor joya que puedan regalarme).
Algo en mí, como un dispositivo, se puso en marcha. Todas y cada una de las pequeñas cosas, decían algo sobre mí.
Iba a reencontrarme con una parte que había olvidado, aquella caja era un tesoro, ignorado en una altillo, sin la menor atención.
Una desgastada guía de viajes, con la página correspondiente a Soria, marcada con un poema de Machado. Llevaba allí muchos años, entristecida por haberla repudiado y cambiado por otra más moderna y según la publicidad del tiempo, más completa. Creo que hasta me dio la bienvenida a su humilde hogar y abrió sus hojas sin pudor, entregándome su corazón.
Un calendario de l979, a saber por qué estaba allí y no el del año anterior. Vaya, una de las lagunas…
Varias cartas de amor, pocas, pero muy bonitas.
La primera libreta de ahorros que tuve. Pobrecita, marca la cantidad en pesetas. ¡Huy! va pasando el tiempo…
Unos pendientes de plata, casi negros, me miran desde un rincón, será posible, si estabais aquí, escondidos, sigilosos, eludiendo vuestro despido al mismísimo infierno. Recuerdo, ¡qué bien me suena! Recuerdo que cada vez que me los ponía, mis orejas manaban sangre. ¡Dios! que tortura. Pero yo me los ponía, toda valiente, sin miedo al hinchazón, qué lástima, cómo sufrieron …
¿Y ésta culebra metálica que desenrosca su figura, contoneándose y dándome en las narices, qué puñetas hace aquí? Maldito cinturón, te libraste de la aniquilación por tu nombre y porque, qué caray, eres precioso.
Pero ya está bien, mostrándote ante mí, a estas alturas, no es de recibo. Hace tanto, tanto tiempo que no cruzas mi cintura, que los cierres que te brillan, olvidaron mi figura…Qué pena, tan bonito…
¡Pero bueno! ¿Ésta foto? Jo, que guapo era. ¿Cómo pude meterla en esta caja? El se fue a Alemania, me pidió que fuese con él. ¡Ay! Entonces las cosas y las ideas eran distintas, y rechacé su propuesta.
No había más en la caja y ante aquellos objetos ¿insignificantes? pude recordar.
Ya no servían de nada, solo ocupaban un espacio en el altillo del armario. Ahora, volvían a estar en mi memoria, pero no podía tirarlos, formaban parte de mi vida, en fin, solo cosas banales.
Pero es así, nuestra vida es un entramado de cosas y vivencias que parecen no tener valor, sin embargo, son las que crean nuestro camino.
En ocasiones, nos gusta rodar por vías rectas, acelerando, sin percibir el paisaje, aunque luego, volvamos a nuestra ruta original.
Guardé mis recuerdos en la caja y la coloqué en su lugar, ahí está bien. Son parte de mi raíz, y ¿qué haría un árbol sin ella? Morir.
Otra tarde, buscaré más tesoros, recordaré otra parte de mi vida.
Quiero recuperar mi memoria. Me gusta sentirme viva.
Y…¿1979?
sábado 17 de octubre de 2009
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17 comentarios:
Un auténtico placer amiga mia.
Muxus hogei
Me ha encantado...
Muchos besitos preciosa.
Es precioso Arantza. Yo con algunos recuerdos que eran dolorosos los he ido rompiendo y tirando a la basura. Soy impulsiva para lo bueno y para lo malo. Pero creo que en mi caso era necesario y cuando el destino ha querido que me vuelva a encontrar con mi pasado, lo he mirado sin bajar la mirada.
Saludos desde La ventana de los sueños.
A mi me encanta recordar.
Y encontrar cajas largo tiempo guardadas y llenas de pasado.
Besos
He disfrutafo con tus letras...que magia tienes para meternos en una historia!!!
buenísimo Arantza!!!
Yo soy de que intento acordarme sólo de lo acordado...todo un reto.
Un saludo grande!
B.
Es grato poder acariciar los objetos que un día formaron parte de nuestra existencia y ahora guardan nuestros recuerdos, como ahora tú lo has hecho.
Gracias por compartir y me he quedado con dos dudas; lo que mencionas de un conductor despistado, y lo que pasó en
el 79...( me estaré viendo muy chismosa?)
Un beso con cariño entrañable.
Ya nadie escribe cartas de amor. Y no creo que muchos tengan localizada su memoria en un cofre. A buen recaudo. A la antigua usanza.
Sabes que estás viva y que, encima, eres buena, muy buena.
Le presento mis respetos.
Un gran abrazo
Hola!
Como me ha gustado tu texto,atrapadita quedé ansiosa de saber que había en la caja,entre nostalgias y buen sentido del humor,descubrimos parte de una historia real o no pero muy cálida y cercana.
Que arte!!!!!!
Desde luego, que el mayor tesoro que tendremos en la vida son nuestros recuerdos, nuestras vivencias. Están dentro nuesta y nadie nos la puede quitar, a no ser por accidente y enfermedad. Perder la memoria ha de ser terrible. Y mucho más saber que las has perdido.
Buen domingo.
Qué tierno!!
Es curioso porque hoy he leído dos blogueros que también rebuscaban en sus recuerdos de niñez.
A lo mejor es cierto eso de que nos hacemos mayores y necesitamos remover nuestras raíces.
Un besito, Arantza
(es cierto que un accidente te robó parte de tu memoria?)
Me has hecho llorar de emoción,pensar de otra manera limpiaré menos por si acaso...
Yo hago lo contrario.
Elimino recuerdos sin parar.
Tanto los físicos como los mentales.
Todos los que puedo.
Sufro menos.
Besos.
Los recuerdos, son raices, tristes o bellas. Pero sin ellos no aprenderiamos, no valorariamos muxas cosas.
Un enorme abrazo cielo
:)
Los recuerdos tienen doble filo, algunos son dulces y tiernos, otros hirientes como un cuchillo, en ocasiones quisiera poder olvidar y no lo consigo, pero lo importante es sentirse viva.
Seguro que en algún momento se encenderá una luz sobre 1979.
Un besazo, Arantza.
Muy bello tu relato, Arantza. Hay que reanudar todos esos pequeños hilos que forman parte de nuestro pasado, para que la camisa no termine deshilachada. Yo también tuve hace muchos años un accidente del que escapé con vida, pero que me robó unos cuantos meses de mi memoria.
Besos.
Me ha gustado tu forma de relatar. Me gusta.
Volveré a leerte
leerte me hace sentir bien.
un abrazo
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