Observaba a una desconocida; sentada delante de una mesa, daba cuenta de las viandas que el camarero se había apresurado a traer.
Estaba sola; soportaban sus rodillas más años que kilos y sus ojos, llenos de luz, mostraban una curiosidad innata.
Cada vez que el camarero se acercaba, daba rienda suelta al desparpajo y a cada comensal que le acompañaba en las mesas cercanas, ofrecía una sonrisa llena de dulzura.
Me llamaron la atención sus ademanes nerviosos, su dulce voz y un no sé qué extraño que no podría explicar. Un porque si, sin buscar razones, solo porque aquella mujer se había convertido en un ser especial mientras comía. Tan simple.
Cuando llegó el postre, la mujer alzó las manos al cielo como dando gracias al Ser Supremo. Observé que el plato estaba lleno de trozos de queso, algo no sorprendente si consideramos que estaba en París y Francia tiene un número indeterminado de clases de quesos, pero…resultó anecdótico que aquella dama francesa, aficionada al queso, hiciese semejante gesto.
Transmitía una felicidad que envidiaba y el contemplar la manzana verde depositada en mi plato, me hizo sentir la más infeliz de las personas.
A mi lado, había un ser que se lo estaba pasando genial comiendo algo que le llenaba la tripa y el espíritu.
Con lo que me gusta el queso, pensé. Y yo comiendo una manzana que no podía estar más ácida.
Evidentemente se dio cuenta de mi malestar y ante mi sorprendida mirada descubrí que cogía un triángulo de queso y me lo ofrecía…
.-“S`il vous plait, acceptez-le.
y lo cogí...
.-“Merci, très aimable.
El trozo entró en mi boca y sentí que era otra persona, más alegre, desde luego más feliz.
Cuando terminó su comida, se levantó y con una inclinación de cabeza se despidió de mí dejándome una sensación de bienestar.
Supongo que salió del restaurante con la satisfacción de haber hecho una buena obra. Yo por mi parte, salí con ganas de beberme París.
Un trocito de queso había conmutado mi humor, o tal vez…una dulce señora me había demostrado con que poco se puede ser feliz.
Bon appétit.
domingo 29 de marzo de 2009
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9 comentarios:
¿Qué te hace más feliz, el trocito de exquisito queso o la exquisitez del gesto de quien te lo ofrece?
A veces nos privamos de cosas tan sencillas, pero a la par tan placenteras...Y es un pecado contra la vida (la propia vida) despreciar la oportunidad de saborearla, en especial cundo seés mucho más consciente de su potencial de alegría: en un viaje a otra ciudad, por ejemplo.
Un café con un dulce, hacen mil veces más dulce una hermosa mañana de primavera, un trozo de queso puede cambiarlo todo.
una anecdota digna de contar,me has recordado mis paseos por el barrio latino de Paris.
un abrazo
Hay personas que transmiten buenas vibraciones, no sé por qué, pero es así. ¿Será contagiosa la felicidad?, ojalá.
Un beso, Arantza.
Ummmmmmmm
Un post exquisito.
Para devorarlo como lo he hecho.
Besos.
FELICES PASCUAS REINA...
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Y BUEN FIN DE SEMANA PARA TI
... TE DESEAMOS TUS AMIG@S ESTRELLA Y CHRISTIAN...... MUCHAS GRACIAS POR LA COMPAÑIA EN MUNDO ANIMAL..
Estas relatos sencillos tienen un sabor especial
me encanta el nombre del blog y me acerque,y aunque no creo en esto de los signos mucho que digamos ,jajajaj,soy cancer también,en fin recibe un cordial saludo.
Hola, Arantza. Te visitamos por primera
vez, y nos hemos sorprndido alegrement
por la frecura tan grata que hay en tus
posts. Buenos relatos propios de un
talento real.
Felicitaciones, y no djes de
publicar, eh!
Hola, recien hoy te conozco y este relato del fromage, me encantò. Que buena a vces esa comunicaciòn que se da entre dos personas sin palabras ni conocimientos previos.Hay algo de lo que no somos concientes y es bello asi! scarte el gustito vino bien. jjajaj! que bueno! vOLVERÈ uN SALUDO Y BUENA SEMANA
Arantxa, leyendo este precioso relato, me recuerda que cuando vi la pelicula chocolat me entró gula de chocolate y ahora mi querida amiga:Asignatura pendiente, hay que volver al bello Paris para deleitarnos con una tablita de quesos.
Besotes cariño
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