lunes 2 de noviembre de 2009

Sabor a hiel

Sonia tiene quince años, siempre ha sido una niña extrovertida, cariñosa y feliz. Sus padres, Asunción y Gregorio, están orgullosos de ella, parece la hija perfecta; a sus cualidades, hay que añadir que la chica, es una estudiante magnífica y sus profesores están encantados.
Todo perfecto, una vida de color de rosa, de flores sin espina hasta que…Sonia ha dejado de sonreír, poco a poco se va convirtiendo en una persona taciturna, agria y arisca. Parece que el cuento se ha acabado en esa familia.
Donde antes habías risas, ahora solo hay discusiones. Las reacciones de la joven comienzan a exasperar a su madre, que no ve ninguna justificación en ese cambio tan drástico que se ha producido. Y para colmo, Sonia ha dejado de comer…
Asun ya no puede más, cree que su hija ha entrado en esa espiral diabólica en la que muchas jovencitas han caído. Y temiendo que así sea, se propone hablar con su hija.
Cuando su madre le pregunta si se siente a gusto, si es feliz…Sonia no la deja continuar. Sabe por donde va su madre y la corta de forma tajante.
.-No quiero hablar. Se marcha dando un portazo y dejando a su madre llorando como una Magdalena.
Pero la madre no tira la toalla. Sigue controlando lo que come su hija, lo que hace y cómo lo hace, lo que dice y cómo lo dice y ya, desesperada ante esa situación y viendo el deterioro de su única hija, decide llevarla al médico. De nada sirven las protestas de Sonia, esta vez su madre no cejará en su empeño.
Tras varios días de pruebas y consultas con la doctora, por fin llega el día de los resultados.
Sentada tras la mesa, con la expresión más seria que de costumbre, la médica no se anda con rodeos y tras mirar levemente a Sonia se dirige a su madre:
.-“Sra. Fonseca, su hija está embarazada”
Sorprendida, Asun traga saliva de forma violenta e intenta recomponerse.
.-Bueno…eh…la verdad…
Realmente no sabe cómo encajarlo, ella esperaba otra cosa; tal vez peor, pero esto….
Mira a su hija que cabizbaja, no es capaz de resistir la mirada de su madre.
.-Sonia, hija, sabes que te queremos y decidas lo que decidas estaremos siempre para ayudarte.
.-¿Y el padre? ¿vas a decirnos quién es o prefieres callarlo?
Puesta en pie, la doctora se encamina hacia la madre y poniendo una mano sobre su hombro es ella la que contesta:
.- Asun, su hija jamás le dirá el nombre del padre pero yo tengo la obligación de hacerlo; es su marido.

domingo 25 de octubre de 2009

La Dama del Puente

Paolo salió de casa, como todos los días, caminaba con su cartera bajo el brazo y aunque su recorrido variaba, siempre terminaba sentado en el Puente.
-Es donde se concentra toda la fauna. Ellos vienen al Puente, lo cruzan, se asoman al río, pero es gente sin alma y yo lo único que quiero es encontrar uno solo que se pare, que mire y sobre todo, que vea. Le decía a su madre al llegar a casa.
-Pero hijo es muy difícil dibujar un alma…contestaba su mamma.
Y allí estaba, sentado, esperando esa mirada que le sorprendiese…cuando la vio.
Acodada sobre el Puente Vecchio, contemplaba las aguas serenas del Arno mientras comentaba con su amiga la belleza que había descubierto en la ciudad y el deseo de que el reloj parase sus agujas y la convirtiese en estatua. Allí para siempre, en aquel maravilloso puente medieval.
Él la oía hablar y mientras espiaba cada movimiento, cada palabra, la dibujaba.
Ella seguía dando lecciones de Historia a su amiga; que embelesada dejaba correr la imaginación hasta mucho tiempo atrás.
De pronto, se dieron cuenta que aquel joven, sentado casi a sus pies, las miraba y dibujaba…y ella, le sonrió y al marcharse, le premió con un dulce ciao.
Paolo volvió a casa más tarde que de costumbre. Se metió en su estudio y pintó, día tras día, como una obsesión.
Cuando le preguntaban sobre ese trabajo que tan absorto le mantenía, él se limitaba a decir: no os preocupéis, estoy pintando un ángel.
Pero al acabar la labor, cubría el lienzo y no permitía que nadie lo observara.
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Habían pasado muchos años desde que Paolo comenzó en serio su carrera de pintor y por fin, ya entrado en años, se veía reconocido su trabajo.
Una Galería expondría sus cuadros en Roma; él hubiese preferido hacerlo en Florencia pero un amigo suyo le había proporcionado esa oportunidad y no iba a desaprovecharla. Nunca es tarde.
La exposición se titulaba “Dama en el Puente” y constaba de una serie de dibujos y pinturas relacionados con una mujer desconocida asomada al Arno.
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Laura llevaba dos años en Roma estudiando Bellas Artes, hospedada en la Residencia de los Ángeles del Divino Tesoro había quedado con su amiga Daniella para ir a ver la exposición de un pintor del que aseguraban los entendidos era espectacular.
La Galería estaba llena de estudiantes que como Laura, habían recibido la invitación y la recomendación de sus profesores. Tras los primeros saludos, Laura se distanció para deleitarse con aquellos dibujos….que…aquella mujer…pero…si parece…
Atropelladamente llegó hasta Daniella; ven, mira, fíjate, ¿no te suena de nada esta mujer?
Las dos delante de uno de los cuadros, atónitas, miraban la pintura y se miraban entre ellas.
- No puede ser.
- Si, Daniella, mi madre tiene fotos de ella en el Puente, es su cara y además mira, en este otro hay dos mujeres, ella y su amiga.
- Mi madre era jovencita cuando viajó a Italia con sus padres y a ella como a su madre, les encantaba la fotografía. Sacaron un ciento de ellas; en una está con Helena, era su amiga y siempre iban juntas de viaje y aquí están; es este cuadro. Ella, es mi abuela. La dama del Puente es ella!

Una mano se posó sobre su hombro, la voz de un hombre rompió el desconcierto cuando suavemente le dijo: Soy Paolo Deltrebbio. Me he dado cuenta que te sorprendías y me he acercado a tiempo de oír lo que decías a tu compañera. Perdona mi curiosidad pero era inevitable…
- Es mi abuela, acertó a decir de nuevo Laura. Temblaba.
- Posiblemente, no conozco su nombre. La vi en el Puente, era tan bella; sus labios tenían la forma del corazón y sus ojos…miraban con tanto amor….Aquel día se presentó ante mí un ángel, supe que tenía que pintar su rostro, capturar su alma…porque aquella mujer…supe que era especial.
- Lo era.
- ¿ era ?
- Murió hace unos años en un accidente.
-¿Cómo se llamaba?
- María

sábado 17 de octubre de 2009

Solo una caja

Recordar es para aquellos que han olvidado (Plotino)

Mi abuela decía que “cuando el diablo se aburre, con el rabo mata moscas” y eso mismo hice yo una tarde de invierno, fría, pero muy bella. La nieve había caído y la ciudad me mostraba un paisaje que yo, desde mi ventana, celebraba.
Y empecé a enredar, cambié el destino de varios libros, rompí en pedazos poemas escritos en días de furia y que ahora, no me decían nada y accedí, gracias a una escalera algo destartalada, al altillo de un armario, que el pobre, por estar en un cuarto olvidado de la gente, sirve para acumular ropas pasadas de moda y que por el apego que llegamos a tener a determinadas cosas, nadie quiere tirar.
Frente a mí, un número en una caja, una caja olvidada y un misterio por resolver. Cogí el valioso cofre y bajé la inestable escalera. Me senté encima de la cama con el propósito de formar un abanico con las cosas allí guardadas.
Y la abrí.
(El 3 de septiembre de 2002, un conductor despistado, se llevó parte de mi memoria, desde entonces…cualquier brizna feliz de mi pasado supone la mayor joya que puedan regalarme).
Algo en mí, como un dispositivo, se puso en marcha. Todas y cada una de las pequeñas cosas, decían algo sobre mí.
Iba a reencontrarme con una parte que había olvidado, aquella caja era un tesoro, ignorado en una altillo, sin la menor atención.
Una desgastada guía de viajes, con la página correspondiente a Soria, marcada con un poema de Machado. Llevaba allí muchos años, entristecida por haberla repudiado y cambiado por otra más moderna y según la publicidad del tiempo, más completa. Creo que hasta me dio la bienvenida a su humilde hogar y abrió sus hojas sin pudor, entregándome su corazón.
Un calendario de l979, a saber por qué estaba allí y no el del año anterior. Vaya, una de las lagunas…
Varias cartas de amor, pocas, pero muy bonitas.
La primera libreta de ahorros que tuve. Pobrecita, marca la cantidad en pesetas. ¡Huy! va pasando el tiempo…
Unos pendientes de plata, casi negros, me miran desde un rincón, será posible, si estabais aquí, escondidos, sigilosos, eludiendo vuestro despido al mismísimo infierno. Recuerdo, ¡qué bien me suena! Recuerdo que cada vez que me los ponía, mis orejas manaban sangre. ¡Dios! que tortura. Pero yo me los ponía, toda valiente, sin miedo al hinchazón, qué lástima, cómo sufrieron …
¿Y ésta culebra metálica que desenrosca su figura, contoneándose y dándome en las narices, qué puñetas hace aquí? Maldito cinturón, te libraste de la aniquilación por tu nombre y porque, qué caray, eres precioso.
Pero ya está bien, mostrándote ante mí, a estas alturas, no es de recibo. Hace tanto, tanto tiempo que no cruzas mi cintura, que los cierres que te brillan, olvidaron mi figura…Qué pena, tan bonito…
¡Pero bueno! ¿Ésta foto? Jo, que guapo era. ¿Cómo pude meterla en esta caja? El se fue a Alemania, me pidió que fuese con él. ¡Ay! Entonces las cosas y las ideas eran distintas, y rechacé su propuesta.
No había más en la caja y ante aquellos objetos ¿insignificantes? pude recordar.
Ya no servían de nada, solo ocupaban un espacio en el altillo del armario. Ahora, volvían a estar en mi memoria, pero no podía tirarlos, formaban parte de mi vida, en fin, solo cosas banales.
Pero es así, nuestra vida es un entramado de cosas y vivencias que parecen no tener valor, sin embargo, son las que crean nuestro camino.
En ocasiones, nos gusta rodar por vías rectas, acelerando, sin percibir el paisaje, aunque luego, volvamos a nuestra ruta original.
Guardé mis recuerdos en la caja y la coloqué en su lugar, ahí está bien. Son parte de mi raíz, y ¿qué haría un árbol sin ella? Morir.
Otra tarde, buscaré más tesoros, recordaré otra parte de mi vida.
Quiero recuperar mi memoria. Me gusta sentirme viva.
Y…¿1979?

viernes 16 de octubre de 2009

Ana (Silpana) Gracias Sirena


Pasear por tu playa siempre es un placer

Ana Márquez. Un blog con alma. Muchas gracias.

domingo 11 de octubre de 2009

Feliz cumpleaños?

Abrió la ventana y respiró hondo…era un día diferente, especial; cumplía cincuenta años.
El otoño mostraba su cara más loca; levantando las faldas de las niñas que corrían por el parque, los árboles desnudaban sus ramas formando un espectáculo espectral.
Cerró la ventana y se desnudó, depositó el sedoso camisón sobre la cama y salió de la habitación.
Apareció por detrás y se abrazó a él apoyando su cabeza en la espalda del hombre; necesitaba su contacto, sus brazos rodeándola, sus manos acariciándola y su boca… por dios! necesitaba sexo.
Pero Carlos se soltó del nudo que le rodeaba y sin apenas mirarla le escupió: .-Vamos, Andrea, déjate de gilipolleces ¿no ves que me estoy afeitando y me puedo cortar?

jueves 1 de octubre de 2009

Que les den caña...

Fernando y Marcos contemplaban a la rubia que tenían delante. Ensimismados en la voluptuosidad de su cuerpo, la miraban como poseídos por el más hábil de los magos;
fascinados ante la curva que diseñaba su cuerpo y la chispa graciosa de su osadía.
Turbados ante esa visión cada vez más lejana, solo pudieron responder con un audaz movimiento de cabeza y un grito que se oyó en media calle; “Camarero, otra pinta”